Obra: Catherine D’Artigue
¡Naufragamos, Capitán!
Después de bracear incesantemente,
de hacernos a flote y hundirnos nuevamente.
No se ve horizonte ni ribera,
la sal no sólo ha podrido la madera.
¡Ay, corazón…! que te has perdido entre sal, muerte y ausencias.
Siente la mar,
escabulléndose va
entre los dedos