¿Qué venezolano, que haya vivido los últimos quince años en este país, no recuerda Bitácora, el programa de Valentina Quintero? ¿Quién no se enamoró un poquito más de Venezuela a través de los cuentos que nos echaba Valentina, de los paisajes que nos mostraba, de esa calidez con la que nos decía: “¡Cuidémosla!, ¡querámosla!… sólo tenemos una, nuestra Venezuela”?
Creo y estoy segura que ningún político hizo tanto por Venezuela como Valentina Quintero. Nos mostró Venezuela, nos llenó de ganas de querer disfrutarla, conocerla, vivirla!
Nosotros, los venezolanos, sabemos lo que es el turismo en este país, lo descuidado que está, las vicisitudes que algunas veces tenemos que pasar para poder recibir un buen servicio, para encontrar un hospedaje decente a un costo razonable, donde además te brinden una buena atención, porque hay que decirlo: en este país el servicio al cliente en MUCHOS lugares ¡Apesta!. Es en estos casos donde el trabajo de Valentina cobraba mayor valor, porque no sólo nos enseñó dónde ir, también nos dijo cómo ir, dónde quedarnos. Esos “tips” que, si los tomabas en cuenta, terminabas agradeciendo que existieran programas como Bitácora, o su programa en Unión Radio, guías como “Guía Valentina Quintero”, “Guía Extrema Venezuela” e infinidad de proyectos que en gran parte nos enterábamos de ellos gracias a ella. Al final… terminábamos agradeciendo tenerla en este país y deseábamos que existieran muchas más como ella, y sí, ¡existían!… ¡existen! y algunas las conocimos de la mano de Valentina.
Por todo esto me indigna que en mi país pasen cosas como éstas en general, y que les pase a personas que le han dado tanto a esta tierra, en particular.
Sé que mi indignación y las protestas que podamos hacer no devolverán los árboles talados, la tierra quemada y destruida, el hogar que le arrebataron a estos abuelitos; y, aunque les devolvieran su hogar, creo que la tranquilidad no podrían devolvérsela. Pero lo peor de todo, es que no es el primer caso que ocurre en este país, y lamentablemente, creo que no será el último.
¿Acaso estamos cosechando el odio que otros han sembrado?